El objetivo de este documento es plasmar
las necesidades que van surgiendo en el desarrollo de nuestro proyecto con
personas menores de edad en desamparo, con discapacidad intelectual y
trastornos conductuales, mayoritariamente orgánicos, provenientes por una
enfermedad mental subyacente.
Durante el nacimiento de este
proyecto, novedoso por la forma de afrontarlo y la filosofía de trabajo, al
mismo tiempo que único en Canarias han ido surgiendo diferentes necesidades que
se detallan a continuación.
En primer lugar, surge la
problemática de la mayoría de edad de
los usuari@s. Teniendo en cuenta las trayectorias familiares de estos
menores, es importante realizar una reflexión pausada del desarrollo vital y
familiar de los mismos. Normalmente, además de sus problemas orgánicos, éstos
provienen de familias desestructuradas, dependientes de la red de servicios
sociales, trayectorias que se van repitiendo generación tras generación. De
esta manera, el abanico se va abriendo y cada día son más las personas que entran
a formar parte de esta red, provocándose así una mayor diferenciación de los
estratos sociales y el aumento de los problemas judiciales. Este aumento de la
dependencia de los servicios sociales, provoca que no se puedan atender las
necesidades de este sector de población
más desfavorecido de forma adecuada y, por ello, sigue en aumento el número de
personas demandantes de dichos servicios.
Cuando un menor que se encuentra
en desamparo cumple la mayoría de edad, el trabajo realizado con él y con su familia
se puede ir al traste en tan solo unos meses, debido al ambiente en el que se
encuentra instaurado el seno familiar, ambiente tanto físico como emocional. La
mayor parte de las familias han sido desestimadas para poder criar a sus hijos
por diferentes motivos tales como: maltrato, abandono, falta de habilidades de
crianza, drogodependencias, abusos sexuales, etc… Cuando finaliza el periodo en
el que los tutela
la
Administración
, muchos se ven obligados a volver con sus
familias, al no existir recursos, ni personas que se puedan hacer cargo de
ellos y ayudarlos en su proceso de madurez y socialización. Las llegadas con
sus familias, en principio son vistas como positivas por ambas partes, por la
novedad de tener al hij@ en el domicilio familiar y, como no decirlo, por el
afecto existente entre los miembros de esa unidad familiar. No obstante, con el
paso del tiempo, éstas no están preparadas para afrontar la problemática que
ostentan estas personas y las crisis conductuales que éstos pueden padecer, a pesar
del trabajo familiar que se ha llevado a cabo desde sus lugares de procedencia.
Para ello, estas personas, muchas con trastornos crónicos, necesitan de ayuda profesional, probablemente
durante el resto de sus días debido a sus trastornos orgánicos y a sus
complejas historias personales.
Estas dificultades pueden hacer
que recurran a las drogas o a cometer delitos, debido al círculo en el que se
encuentran instalados, todo esto sin tener una supervisión profesional que les
ofrezca otras posibilidades de actuación. Además, son adultos con mentalidad de
niños, sexualmente activos y con gran curiosidad. Con información sexual
proveniente de las programaciones individualizadas que con ellos se han llevado
a cabo, pero sin formación en la vida diaria, porque esta prevención se realiza
en edades más tempranas. Esto conlleva a encontrarnos con muchos embarazos,
embarazos que pasan a ser niñ@s y que desgraciadamente vuelven a la red de
protección, porque sus familias no tendrán las habilidades necesarias para poder
criarlos de manera adecuada. Una vez se produce este hecho, comienza nuevamente
el ciclo.
Una estrategia eficaz de
prevención, podría ser cortar estos eslabones de la cadena. Con ello, se puede
mejorar el bienestar social y otorgarles a estos menores las posibilidades de
crecimiento que, por desgracia, no han podido tener anteriormente. Romper el
efecto de la cadena significa trabajar con estos menores con discapacidad en el
desarrollo `potencial de sus capacidades y habilidades; trabajar con las familias
para que tengan las estrategias adecuadas de comunicación y aceptación de la
realidad de sus hij@s; acompañar a la persona en su proceso vital de
aprendizaje y de madurez, no sólo hasta que sea mayor de edad, sino hasta que
pueda desenvolverse de forma autónoma en la sociedad.
Por ello, viendo esta necesidad,
se pretende en un futuro avanzar hacia un proyecto integral en el que mediante
una Residencia o con pisos de autonomía se pueda continuar el trabajo tras
cumplir estas personas la mayoría de edad. La pretensión sería la siguiente:
-
Creación de una Casa familiar para personas mayores
de 18 años que no tengan posibilidad de integración familiar, ni de vida
autónoma. Además, existen usuari@s que aún no tienen la madurez suficiente
para volver con sus familias, o que éstas no tienen las habilidades
necesarias para convivir con éstos, por lo que también serviría de
tránsito para estas personas hasta llegar a una vida autónoma.
-
Pisos de emancipación-autonomía: Pisos en los que
los usuari@s que superan la mayoría de edad y que no tienen posibilidades
de integrarse con sus familias, pero tengan posibilidades reales de vivir
de forma autónoma, puedan realizar la transición a la vida adulta bajo
nuestra supervisión.